La transformación en los equipos de trabajo camina hacia el refuerzo de sus integrantes, entre ellos, la figura del líder.

Contar con una persona que sea capaz de asumir ese liderazgo es fundamental para llegar a construir equipos fuertes y competentes.

 

Características de un buen liderazgo

Escuchar al equipo de trabajo

Es una de las principales e imprescindibles características de las personas que asumen el liderazgo de un grupo de trabajo. Ser capaz de escuchar y debatir las ideas que expone el equipo es fundamental para mantener un flujo de comunicación y trabajo que favorezca a los objetivos y a las estrategias propuestas. Desterrando de esta manera, la imposición y las órdenes propias de un jefe.

Permitir las críticas

Una persona que ejerce el liderazgo debe estar preparada para recibir críticas por decisiones o ideas, haciendo que puedan mejorarse las actuaciones dentro del equipo. Aunque muchas veces cuesta asumir esas críticas, no se debe tener miedo a recibirlas. Ya que benefician al conjunto del equipo y a los objetivos del desempeño profesional.

Motivar y formar al equipo de trabajo

Cuánto más se forme y motive a los miembros de un equipo, mejores serán los resultados que se obtengan. Puesto que un equipo motivado y comprometido con la imagen y las actividades de una empresa reporta beneficios sustanciales al clima laboral.

La formación continua no solo refuerza los conocimientos sobre una materia sino que también ayuda a ser más competitivos y efectivos a la hora de afrontar nuevos retos y contribuyendo a que los profesionales quieran ser cada vez mejores.

Reconocer los éxitos

En ocasiones, las personas que controlan a un equipo no son capaces de reconocer los éxitos conseguidos por el trabajo de sus integrantes. Esto provoca insatisfacción y desmotivación que puede acabar por desvincular profesionalmente a los empleados y que ya no se sientan parte de ese equipo. Felicitar los logros conseguidos es fundamental para seguir reforzando la confianza y el esfuerzo en los climas laborales.