Trabajar es algo que todos debemos hacer; no solamente nos reporta ingresos mensuales con los que pagar nuestras facturas, así como para hacer estas compras que tanto nos gustan. Por ello, no es de extrañar que, además de nuestra jornada, se trabajen horas extras: estos pequeños ingresos que nos permiten ciertos caprichos. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre que nos guste el trabajo o que queramos hacer horas extras, a vivir únicamente por el trabajo. Esta segunda condición tiene un nombre y sus consecuencias en nuestra salud.

¿Qué se entiende por workaholic en español?

La palabra workaholic es un anglicismo que se puede traducir como “adicto al trabajo”, “laboradicto”, “trabajoadicto” o “erdómano”, entre otros términos. Es decir, se trata de definir a aquella persona que vive por el trabajo, que es adicto a él y que lo ha convertido en el centro de su vida.

Ser un adicto al trabajo, lejos de ayudarnos personal o profesionalmente, tiene graves consecuencias tanto en nuestro estado de ánimo como en nuestro rendimiento.

Características el workaholic

Para que una persona pueda ser considerada como dicta al trabajo, hay una serie de condiciones que esta debe reunir. Así, un workaholic se caracteriza por presentar los siguientes síntomas:

Síntomas cognitivos

Aquellas personas que son adictas al trabajo presentan cuadros de ansiedad, irritabilidad, malestar en general y episodios depresivos, los cuales pueden requerir de medicación en los casos más graves.

Síntomas fisiológicos

A nivel fisiológico, una persona que es adicta al trabajo puede sufrir insomnio, estrés, aumento de la presión arterial, elevados índices de colesterol, así como alteraciones en los niveles de varias hormonas.

Síntomas conductuales

A raíz de la presión que un workaholic se autoimpone, hay ciertas conductas, más o menos destructivas, que pasan a formar parte de su día a día. Algunas de estas actitudes pueden ser una gran necesidad de controlarlo todo, llevar la planificación a los extremos, reducción de las interacciones sociales, limitaciones importantes a la hora de establecer vínculos sentimentales, entre otras muchas más.

Así, cuando una persona empieza a presentar algunos de estos síntomas y se pueden relacionar con largas jornadas laborales, se estaría hablando de la posibilidad de que esta persona fuera adicta a su empleo.

¿Cómo reconocer a un workaholic?

Además de los síntomas mencionados, una persona que tenga adicción a su trabajo presentará las siguientes características:

El trabajo es su vida

Una persona adicta al trabajo no puede estar mucho tiempo sin llevar a cabo lo que son sus tareas habituales. Poco a poco, esta persona ha ido haciendo del trabajo el centro de su vida, hasta el punto de perder una gran cantidad de relaciones. Además, este comportamiento suele empezar estando motivado como salida a problemas personales. Así, una persona adicta al trabajo puede presentar grandes carencias a la hora de expresar sus emociones o mostrar adaptabilidad frente a los cambios.

Entre los mejores de la empresa

Esta excesiva dedicación hace que estos empleados sean tomados como ejemplo de dedicación y de dedicación. Además, suelen ganar más dinero en los casos en los que se trabaje por comisiones o haya pluses. Así, estas conductas pueden normalizarse en determinados entornos, haciendo que la persona sienta recompensa por su obsesión en vez de comprender la gravedad de la situación.

Limitación de actividades, aficiones y tiempo libre

Otro rasgo que caracteriza a los adictos al trabajo es su falta de tiempo libre. Son personas que no suelen disfrutar de tiempo para ellos mismos o para compartir con su entorno. Así, la desmotivación para disfrutar de este tiempo puede llevarlos a perder relaciones, a tener problemas con amigos y familiares y hasta llegar a desarrollar una profunda depresión. Además, también sentirán la necesidad de realizar más horas, lo que los llevará a la extenuación con graves consecuencias para la salud.

Consecuencias de ser un adicto al trabajo

Con todo, las consecuencias para la salud, tanto física como mental, de esta adicción al trabajo son muchas:

  • Insomnio: el exceso de actividad no permite que el cerebro se relaje, lo que se traduce en insomnio constante. Además, esta falta de descanso acaba generando una sensación de cansancio extremo, lo que repercutirá, inevitablemente, al rendimiento.
  • Estrés y ansiedad: además de poder presentar cuadros depresivos, un workaholic sufre de estrés y cuadros de ansiedad, más o menos, graves. A medida que la adicción se va intensificando, estos cuadros son más fuertes y habituales, los cuales derivan en los estados depresivos mencionados anteriormente.
  • Obesidad y otros problemas relacionados con el metabolismo: la carencia de movimiento, el estrés y la ansiedad pueden llevar a un workaholic a sufrir obesidad o todo lo contrario, perder peso hasta los extremos. La ingesta no controlada de alimentos, el poco tiempo para dedicar a una dieta saludable y la falta de ejercicio físico pueden propiciar la aparición de problemas con el metabolismo.

Las consecuencias que tiene esta adicción al trabajo acaban generando otros problemas a nivel social, como la falta de amigos, aficiones e, inevitablemente, el cierre de esta persona a toda actividad que no esté relacionada con sus quehaceres laborales.

¿Cómo dejar de ser un workaholic?

Para acabar con esta adicción, el workaholic deberá, primeramente, darse cuenta y reconocer el problema. Además, será necesario que se ponga en manos de profesionales con quienes iniciar una terapia de “desintoxicación”. Así mismo, la ayuda por parte de familia y amigos resulta esencial.

Ser un workaholic, lejos de poder ser considerado como algo positivo, implica serios problemas para la salud. Ser capaz de reconocer esta condición y estar dispuesto a recibir ayuda son los pasos básicos para acabar con esta condición.

¿Qué se considera workaholic?